En la entrada de hoy os presentamos los documentos elegidos para este mes de septiembre: las agendas de una mujer que conservamos en nuestro archivo y que abarcan las décadas de 1950, 1960 y 1970. Y es que no hay nada más representativo de este mes de «Vuelta al cole» que las agendas que forman parte de nuestros fondos.
Concretamente, conservamos las agendas de esta mujer correspondientes al periodo comprendido entre 1949 y 1953, así como otras de los años 1958, 1965, 1968 y 1973. Las agendas que conservamos poseen unas características comunes:
El primer aspecto consiste
en que son almanaques-agendas editadas por diferentes entidades, ya sea la
Sección Femenina de F. E. T. y de las J. O. N. S., la Delegación Nacional de la
Sección Femenina del Movimiento o la revista femenina “Ama”.
En las agendas, además,
se incluyen diversas informaciones, como un apartado para anotar teléfonos y
direcciones, trucos para organizar el tiempo, el dinero y el trabajo; el
santoral, consejos sobre salud, belleza, decoración y cocina, recetas, el
cuidado de los niños, modo de empleo de algunos electrodomésticos o las tareas
domésticas a realizar en cada época del año. Ahora bien, la agenda ha sido
empleada por su autora mayoritariamente para llevar la contabilidad doméstica,
registrando los gastos en alimentación, ropa, combustible para calefacción y
productos de limpieza e higiene. Además, por norma general, únicamente escribía
los primeros meses, dejando en blanco el resto u ocupando el espacio para apuntar
recetas.
También incluía en el
interior de estas agendas pequeñas anotaciones a lápiz, diversos recortes de
prensa, dos recordatorios de Primera Comunión, fechados en junio de 1958 y mayo
de 1959; una pequeña fotografía en blanco y negro, un folleto del gobierno
español, UNICEF y la FAO sobre educación en alimentación y nutrición; otros dos
con recetas de cada comunidad autónoma y postres; un recibo de la suscripción a
la revista «El Propagador de las Tres Avemarías», a nombre de Aurelio Camino
Álvarez y con fecha del 1 de enero de 1968; una tarjeta de una tienda de
electrodomésticos de Guadalajara; recortes de prensa con recetas y consejos
culinarios, así como dos recetas manuscritas; y una papeleta de lotería de la
Escuela Normal de Magisterio de Guadalajara, válida para todos los sorteos del
mes de febrero de 1973, entre otros documentos.
El motivo para conservar
esta tipología documental en nuestro archivo se debe a que una agenda no es
simplemente un instrumento para organizar el tiempo: es un registro
fragmentario de la vida cotidiana de quien la utilizó.
Por eso, estas agendas
tienen valor como fuentes primarias para la historia social de la cultura
escrita, y más para nuestro Archivo de Escrituras Cotidianas (AEC) de la UAH, ya que permiten estudiar las prácticas de escritura ordinaria de
personas corrientes y recuperar experiencias que difícilmente aparecen en la
documentación institucional. Además, permiten observar qué se escribía, cuándo,
dónde y con qué finalidad, además de las fórmulas, abreviaturas, tachaduras,
dibujos o códigos personales empleados por quien escribía.
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